miércoles, 7 de enero de 2026

Una gata muy vital

 

La gatita Mary Nieves pronto cumplirá los noventa;

más, por espíritu y mente, no aparenta ni cuarenta.


Con carácter muy sociable, es enérgica y vitalista;

incansable parlanchina, pero anfitriona de revista.


No tuvo infancia alegre: pronto perdió a su madre,

y la criaron sus abuelos, a instancias de su padre:

 

Por “rojo” fue encarcelado, pasando años ausente:

y entre rejas escribía para poder distraer su mente.

 

Se refugió en la poesía para compensar su pena;

dedicándole sus versos a su esposa y a su “nena”.

 

Pero cuando murió su amada, algo en él se truncó;

la amargura lo volvió egoísta y de ser feliz se olvidó.

 

Mientras tanto, su linda hija, destacaba en el colegio,

más al cumplir los catorce, se truncó este privilegio.

 

La acogió su progenitor, que había vuelto a casarse:

con una astuta felina y quien solo buscaba lucrarse. 


Así nuestra blanca Nieves, se convirtió en cenicienta,

y vivió dos días de azúcar, frente a cinco de pimienta.

 

Fue otra criada en su casa y niñera de sus hermanos,

cocinera, planchadora y costurera con buenas manos.


Los años fueron pasando, con menos gloria que pena:

con trabajo y poco amor, pero con la barriga muy llena.


Al cumplir los veintiuno, fue cuando su suerte cambió:

apareció un guapo lince, que de atenciones la colmó.

 

No era rico, ni famoso, ni creció en familia de postín,

pero era honesto, galante, sincero y a ella le hizo tilín.

 

Se casaron de inmediato, formando un bonito hogar

y la felina comenzó a reír y a conjugar el verbo amar.

 

Eran tan dichosos, que la familia pronto aumentaron:

tuvieron dos monas mininas, que su alegría colmaron.


Esos miedos y neuras, que en un comienzo asomaron

con sacrificio, ayuda y cariño, con los años superaron.


Aparte de algunas espinas, vivieron tiempos de rosas,

y no dejaron de adorarse, por encima de otras cosas.


Pasaron sesenta años juntos y nuestra gata enviudó

y ahora vive de recuerdos, en la casa que compartió.


Haciendo de su capa un sayo, se adaptó a su realidad:

se divierte con su móvil y en el centro de tercera edad.


Con sus niet@s y bisnietos endulza un poco su vida;

se enorgullece y presume de ser una abuela querida.


Su energía sigue intacta y también su espontaneidad;

sus “achaques“ no le frenan, para ejercer su libertad.

 

<<En la vida, cada cual, carga con su propia mochila;

     el viaje será más ligero, si el ánimo no nos vacila>>

 

©Vegalur

( Mi primera poesía del año y de corte autobiográfico )