La gatita Mary Nieves pronto cumplirá los noventa;
más, por espíritu y mente, no aparenta ni cuarenta.
Con carácter muy sociable, es enérgica
y vitalista;
incansable parlanchina, pero anfitriona de revista.
No tuvo infancia alegre: pronto perdió
a su madre,
y la criaron sus abuelos, a instancias
de su padre:
Por “rojo” fue encarcelado, pasando
años ausente:
y entre rejas escribía para poder
distraer su mente.
Se refugió en la poesía para compensar
su pena;
dedicándole sus versos a su esposa y a
su “nena”.
Pero cuando murió su amada, algo en él
se truncó;
la amargura lo volvió egoísta y de ser
feliz se olvidó.
Mientras tanto, su linda hija, destacaba en el colegio,
más al cumplir los catorce, se truncó este privilegio.
La acogió su progenitor, que había
vuelto a casarse:
con una astuta felina y quien solo buscaba lucrarse.
Así nuestra blanca Nieves, se
convirtió en cenicienta,
y vivió dos días de azúcar, frente a cinco de pimienta.
Fue otra criada en su casa y niñera de
sus hermanos,
cocinera, planchadora y costurera con
buenas manos.
Los años fueron pasando, con menos
gloria que pena:
con trabajo y poco amor, pero con la
barriga muy llena.
Al cumplir los veintiuno, fue cuando
su suerte cambió:
apareció un guapo lince, que de
atenciones la colmó.
No era rico, ni famoso, ni creció en
familia de postín,
pero era honesto, galante, sincero y a
ella le hizo tilín.
Se casaron de inmediato, formando un
bonito hogar
y la felina comenzó a reír y a
conjugar el verbo amar.
Eran tan dichosos, que la
familia pronto aumentaron:
tuvieron dos monas mininas, que su alegría colmaron.
Esos miedos y neuras, que en un comienzo asomaron
con sacrificio, ayuda y cariño, con los años superaron.
Aparte de algunas espinas, vivieron
tiempos de rosas,
y no dejaron de adorarse, por encima
de otras cosas.
Pasaron sesenta años juntos y nuestra
gata enviudó
y ahora vive de recuerdos, en la casa que compartió.
Haciendo de su capa un
sayo, se adaptó a su
realidad:
se divierte con su móvil y en el centro de tercera edad.
Con sus niet@s y bisnietos endulza un poco su vida;
se enorgullece y presume de ser una abuela querida.
Su energía sigue intacta y también su
espontaneidad;
sus “achaques“ no le frenan, para
ejercer su libertad.
<<En la vida, cada cual, carga
con su propia mochila;
el viaje será más ligero, si el ánimo no nos vacila>>
©Vegalur
( Mi primera poesía del año y de corte autobiográfico )
